Love in an elevator

2 Sep

Frecuentaban dos animales calientes. Ellos: dos presas, uno del otro, otro del uno. El cazador no existía, resultaba inútil. Dos bocas anónimas no tan anónimas que al tocarse se reconocían netamente, como si cada porosidad hiciera simbiosis genética, como si cada baba regara la saciedad del otro.

El era carnoso, de color rojo fuerte,
Ella en cambio finita, rosadita y bien curveada.

Los dos, al rozarse, provocaban una especie de parálisis espacio – mental del tiempo, que aunque en horas planetarias databa sólo de dos o tres minutos, para ellos besarse era como vivir en alguna luna marginal. Lejana, no accesible, brillante y única. Por sobre todo única, como esos momentos en los que se pasaban la lengua y se atornillaban los labios. O esos otros momentos en que clavaban los dientes como queriendo tajar sus tropiezos bucales, como queriendo cicatrizarse uno al otro.


Su primer encuentro nació de forma casual, y, utensilio de por medio, un ascensor. Piso último, aproximadamente 360 segundos en subir y o en bajar. A veces un poco más, era uno de los viejos, la puerta se trababa – la doble puerta enrejada – por momentos, se detenía sin sentido, y en ocasiones se atascaba entre las mitades de dos pisos. Había que esperar al encargado, que se diera cuenta primero, que llamara al técnico segundo, que no cunda el pánico tercero, y qué, claramente, se apure.
La evidencia demostró lo contrario. Manos no culpables de vez en cuando detenían el ascensor a propósito. Pero más allá de las obvias razones, lo que verdaderamente sucedió no acarreó ninguna consecuencia trágica pecadora ni infracciones de ningún tipo

La puerta se abrió en la planta baja como es debido, y exacto (a la hora uno de querer ascender a determinado departamento, al haber ingresado a dicho Edificio), El entró primero. Cerro esa puerta, las dos puertas, y cuando estaba por apretar el botón del numero 10 escuchó una voz de su sexo opuesto decir que esperara, que Ella también subía. Muy caballero abrió el ascensor, la mujer en cuestión accedió con una sonrisa inocente y se acomodó en un rincón (de más esta decir que tal elevador era de tamaño considerablemente chico – Hasta tres personas – decía un cartel pegado al costado, con algunas firmas consorciales). Momento siguiente, el señor cerró las rejas y situó su masculinidad en el otro rincón del diminuto lugar.
Ella tenía la cabeza gacha, El la miró como un hombre mira a una mujer estimulado por esa curiosidad hormonal y por algún perfume bien puesto. Frunció las cejas, ambas, de repente no entendió porqué pero quiso conocer su cara. No supo, en ese instante, si era el aroma borracho, o un cuerpo que no se notaba (era Invierno, hacía el frío de muy bajas temperaturas y los humanos se vestían con ropas y sacos con bufandas y guantes de lana). Ella seguía absorta en algo parecido a incomodidad, a esos momentos en los que uno quiere controlar el reloj y avanzarlo, o a esos en los que uno se aguanta la respiración para no hacer ruidos como molestos, Ella, con la cabeza cabizbaja, jugando con el pie izquierdo, con los ojos pendientes en ello, teniendo pensamientos de mujeres, suspirando otro poco…hola buenas tardes dijo al penetrar en el cubículo. Y no levantó la mirada. Buenas tardes, contestó El aumentando su intriga. Y esas fueron las dos únicas frases que dijeron Ellos, en lo que se resume a la totalidad de veces que se buscaron, y se encontraron en aquel elevador. Cinco palabras, de las cordiales, de las que se dicen sí o sí por más que haya gente que no se anime a decirlas. Fue entonces, cuando Ella involuntariamente levantó su cara sin darse cuenta (ya habían llegado al piso 1) y envuelta en un impulso fallido (su mente indecisa le dictaba seguir cabizbaja hasta llegar al numero 10, pero su afán fisgón le provocaba algo diferente) y abrió los ojos, y El la observaba, quieto, hasta agazapado, todo en su cuerpo y en su rostro era salvaje, la miraba fijo, tanto que le dolieron los ojos. Sin embargo no pestañeo ni una vez, la congelada transmisión ocular que El le transfería dejó de incomodarla y empezó a desafiarla. Ambas inteligencias se escondieron, el instinto de los dos incitaba a emerger, arrancó por fanfarronearse, por querer ocupar sus cuerpos. El sí que la traspasaba, y nuevamente no entendía la razón, no podía dejar de mirarla, sumergido en algún tilde entumecido, quería comerla, tomar su piel y rajarla, hacerla sufrir de pasión. Ella seguía obnubilada, recorriendo su cara con el ojo interno, apreciando hasta la más primitiva de las idealizaciones que tenía ante su misma presencia. Su vista no se despegaba de la de El. Como una goma de pegar alienígena, viscosa e invisible, era una línea enrulada que los unía orificio a orificio.
No hubo tiempo de pensar, de cuestionar porqué esa atracción inusual creaba tal tensión también inusual, por lo que sensación siguiente, Ella y El comenzaron a besarse.
Sin más, cuatro labios desconocidos y confundidos, comenzaron a encrustrarse en una simetría ancestral. Se besaban, era lo único que hacían, se besaban.
El apresó las caderas de Ella para acercarla más pero Ella se negó besándolo aún con más fuerza. Agarró sus manos gruesas empapadas de virilidad y las situó en su cara. La hacía sentir segura, que El mientras la mojaba, la sujetara no dejándola parar. Los brazos de Ella se encontraban en peso muerto, con las palmas hacia fuera, los dedos colgando, llenos de nervios y flujos gravitacionales. Se sintió climática, poseída por alguna sabiduría universal que dominaba sus movimientos, que dejaba de lado sus pensamientos y la excitaba irracionalmente.
El entraba y salía de su boca, llevado por sentimientos oscuros, densos y ambiciosos tanteó cada superficie labial, impregnando su gusto con el sabor de Ella. De vez en cuando la mordía suave, filtrándose cada vez mas hondo en esa esponja rojiza que trataba de su boca.

Piso tercero: Lengua exterior, deseos babosos. Fluidos precisos. Ruidos pomposos. El beso inicial era ahora una perfecta perforación sublingual. Piso quinto: moretones en el cuello. Recorridos largos, desde las orejas hasta las clavículas. Ella, aventajó la emoción y succionó la piel de El, llena de lunares antiguos, iniciando por el lóbulo izquierdo, acariciándolo con saliva. Provocándole la privación de una agitación varonil. El, conmovido no hizo más que relajar el corazón, latía tanto y tan sonoro que ambos se escuchaban y se movían al mismo ritmo. Piso sexto. Garganta, delicada y ultra nerviosa, El, sutilmente con su nariz, sus labios apretados, en meneos despacios, acompasados, empezó a rozar ese área cubierta de venas, a transitarla de a poco, palpando su circulación, dejando de a centímetros rastros de su propia satisfacción. Y Ella, abría el agujero que respiraba cada vez mas, casi gimiendo, emitía sonidos (piso Séptimo) caprichosos. Octavo piso: el tacto se volvió tan sensible que ambos incendiaron al mismísimo fuego. Aquel ardor del principio empezó a pegotearse en los espejos. El vapor energético copulaba en el aire, en las masas, en el Tiempo. Todo era de un arbitrio sabroso. Bestial, un contacto conectivo, chorreado de sangre hervida. Se besaban, sólo se besaban…
El placer era tal que con chuparse alcanzaba sobrando. Piso nueve. Anacrónico, agujas rebeldes. Mimos pretenciosos. El mundo había dejado de transpirar. A dicha altura, las nubes ni siquiera estaban cerca. Era todo tan compacto y concentrado que la Intensidad empezó a robar el espacio. Piso diez. Los extraños se vieron envueltos en una brusca frenada de goce. El ascensor se había detenido con furia. No habían llegado al Diez, estaban en el medio entre dos pisos, un Nueve pecaminoso y un Diez obsceno. Debido a esa fuerza ajena, se interrumpieron con desconcierto. Se miraron, se observaron, se humedecieron de realidad ignorada hasta ese momento. Ceja en seño, labios semiabiertos, mejillas sonrojadas, las rejas se abrieron. Por alguien, no importaba quien.¿Trabaron el ascensor? Se escuchó decir. ¿Han apretado el botón de Freno?, Y Ellos, victimizados salieron. El trepó primero, y la ayudó a subir por un rincón que quedaba entre piso y suelo. No dejaban de tantearse, de percibir cómo la huella platonizada de sus acciones impunes, se percibía a la simple olisqueada. Ella fue para la izquierda, El para la derecha. No se vieron, en el mismo Edificio, en el mismo ascensor, hasta dos semanas y tres días después.

Esta vez se tocaron en el piso diez .Y al encarcelarse en las cuatro paredes movibles, no hicieron más que besarse y acariciarse la cara sensiblemente. No hablaron, disfrutaron.
Los encuentros furtivamente casuales se extendieron cinco encuentros más. Ninguno había preguntado al Encargado quien era el otro, si había habido alguna mudanza, si había nuevos inquilinos. Ninguno lo hizo. Como conectados inconscientemente, guiados por una especie de secreto excepcional, empezaron a acostumbrarse a los acercamientos insólitos.
Pero al segundo mes, El subió por última vez al décimo piso, y sintió el aroma de Ella, impregnado por todo el elevador, se puso loco, quiso verla, Ella había subido al Diez, minutos antes. Por esa vez, la casualidad los había engañado. Se sintieron traicionados, por el mundo, por las oportunidades. Y no se vieron más. Todo se convirtió en una sensación de recuerdo, más viva que la evocación de un sueño extraordinario. Besarse, ahora había quedado en la Tragedia.

Mi amiga,  María Felicitas Plos ((no sé si te llamas María. En este momento feli, te están buscando por face )) hace unos meses, me mandó “La historia del ascensor” para que suba al blog. No me animé porque era muy nuevito y no quería q lo categoricen de blog-porno-erótico, pero ahora, mucho no me importa. Feli también tiene un blog, más nuevo todavía y seguro con menos censura… Feli contanos el nombre de tu blog así todos te lo desvirgamos a la vez! XOXO.

Nunca te pregunté ¿ la escena de Carry y Big en el ascensor la viste antes o después de escribir sobre estos dos animales calientes? see you next class.

Pd: no es amor, ya sé, pero quería ponerle el nombre de la canción de Aerosmith 

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Una respuesta to “Love in an elevator”

  1. agu septiembre 2, 2011 a 5:06 pm #

    Wow, lo voy a leer en algun momento que tenga tiempo. parece copado, mas el titulo ajajaj te quiero

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mechi machado

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